En la obra de José Rocha, la máscara del médico de la peste negra deja de ser un objeto histórico para convertirse en un dispositivo simbólico: un punto de encuentro entre el cuerpo, la memoria y lo invisible.

Cada pieza es construida a mano, intervenida y transformada o fotografiada por multiples artistas.

No como réplica, sino como interpretación contemporánea.

Aquí, la máscara no pertenece al pasado.
Habita el presente como un umbral.